HERMANOS DE LA SAGRADA FAMILIA

Mensaje para la Pascua 2014


‚ÄúJes√ºs ha resucitado como hab√≠a dicho‚ÄĚ (Mt. 28,5-6).

Estimados Hermanos, miembros de las Fraternidades Nazarenas, Aspirantes a Hermanos, Comunidades Educativas, Comunidades cristianas, Catequistas y amigos de la Familia Sa-Fa:

Un a√Īo m√°s la celebraci√≥n de la Pascua de Resurrecci√≥n nos trae a la memoria el fundamento de nuestra fe. No en vano el Catecismo de la Iglesia Cat√≥lica en el n√ºmero 638 afirma que ‚Äúla Resurrecci√≥n de Jes√ºs es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, cre√≠da y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradici√≥n, establecida por los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio pascual al mismo tiempo que la cruz‚ÄĚ.
Aunque los Evangelios no relatan el hecho ni el momento de la resurrección, sí describen significativamente sus consecuencias con datos sobre el sepulcro vacío, el cambio de actitud de sus discípulos, la vuelta a la comunidad de quienes la habían abandonado por miedo y decepción o el riesgo asumido por unas mujeres de no ser creídas. Acciones propias de la pedagogía de Jesüs que facilitó a sus discípulos ver la realidad más allá de las convenciones, de la conveniencia o de las frustraciones personales.
La certeza de la resurrecci√≥n de Cristo fue una luz interior que cambi√≥ por completo el estado de √°nimo de los disc√≠pulos y ‚Äúse les abrieron los ojos‚ÄĚ (Lc. 24,31). Ojos abiertos por el don de la fe, para discernir los signos desde los que Dios nos habla, para ver y acoger la vida que nace en el entorno y para comprender desde la realidad de la presencia del Resucitado la propia historia con sus heridas y gozos. Esta es la primera ‚Äúsituaci√≥n pascual‚ÄĚ sobre la que reflexionar.
En casi todas las apariciones de Jes√ºs a sus disc√≠pulos, la ex√©gesis b√≠blica admite los siguientes rasgos: iniciativa, reconocimiento y misi√≥n. La iniciativa de Jes√ºs produce reconocimiento y al reconocimiento sigue la misi√≥n. Una din√°mica que podemos aplicar tambi√©n a nuestra situaci√≥n concreta con ocasi√≥n de la celebraci√≥n de la Pascua de Resurrecci√≥n de este a√Īo. Veamos.

Iniciativa de Jes√ºs. Despu√©s de su resurrecci√≥n, Jes√ºs toma la iniciativa para encontrarse con sus disc√≠pulos y ayudarles a superar las dudas. √Čl se da a conocer sin considerar la capacidad, situaci√≥n e intenciones de sus disc√≠pulos. La acci√≥n de Jes√ºs de encontrarse con ellos contin√ºa la historia b√≠blica de la iniciativa de Dios para salvar al hombre. ‚ÄúHe aqu√≠ que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entrar√© en su casa y cenar√© con √©l y √©l conmigo‚ÄĚ (Ap 3,20).
Se trata por tanto de una iniciativa de Jesüs que culmina en una transformación personal. El relato de la Resurrección de Cristo se expresa con signos muy sencillos y cotidianos: Los de Emaüs lo reconocen al partir el pan; los discípulos que estaban pescando, como un pescador más y María Magdalena como un jardinero.
El 37¬º Cap√≠tulo General tambi√©n toma la iniciativa y nos invita a ‚Äúsuscitar y acompa√Īar nuevas vocaciones de Hermanos y Laicos para la labor evangelizadora de la Iglesia‚ÄĚ. Dios nos ha invitado a la vida cristiana gratuitamente: ‚ÄúAntes de que fueses formado, en el seno materno, yo te conoc√≠; antes que salieses del seno de tu madre, yo te consagr√© y te hice profeta‚ÄĚ (Jr 1,5).-En qu√© medida frenamos en nosotros las iniciativas de Dios?

Reconocimiento por parte de los disc√≠pulos. Reconocer a Jes√ºs nos plantea exigencias concretas. Ser cristiano no es una ideolog√≠a ni una moral sino un encuentro con Jes√ºs. Un encuentro que cobra especial vigor cuando nos reunimos para la fracci√≥n del pan y creemos firmemente que ‚Äú√Čl estar√° con nosotros todos los d√≠as hasta el fin del mundo‚ÄĚ (Mt 28,20). En la Eucarist√≠a, no s√≥lo recordamos su muerte y resurrecci√≥n, sino que participamos realmente de su vida.
Jesüs se muestra en la cotidianidad de nuestra vida y su reconocimiento pone en juego nuestra existencia. Jesüs se identifica con nuestros hermanos, con los pobres, los hambrientos, los forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados. En el más humilde encontramos a Jesüs y en Jesüs encontramos a Dios. La preocupación por los demás pone a prueba nuestra cercanía o lejanía de Dios.
Jes√ºs nos habla de la sencillez de coraz√≥n como requisito para reconocerle ‚Äúte doy gracias porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los sencillos‚ÄĚ. (Mt.13,25). Ahora bien para tener un coraz√≥n sencillo es necesario permitir que Dios vaya invadiendo todas los √°mbitos de nuestra vida. Reconocer a Jes√ºs como Se√Īor es permitirle que ilumine nuestro pensamiento, que fortalezca nuestra voluntad y que marque los criterios de nuestros comportamientos.
El encuentro con Jes√ºs rehace la vida, da sentido a la existencia y cambia nuestra actitud ante los otros como le ocurri√≥ a Zaqueo. El 37¬º Cap√≠tulo General nos sugiere que ‚Äúsentados con Jes√ºs al borde del pozo descendamos a nuestra interioridad, a la verdad de nuestras debilidades y a la hondura del coraz√≥n. Que el encuentro con √Čl nos lleve a saciar las necesidades y esperanzas que llevamos dentro y a encontrarnos con los Hermanos y con los hombres de hoy".-D√≥nde y c√≥mo descubrimos la presencia de Jes√ºs y qu√© realidad cotidiana y familiar me habla de ella?

La misi√≥n confiada por el Maestro. La Resurrecci√≥n de Jes√ºs nos env√≠a como testigos por todo el mundo. En las apariciones, Jes√ºs env√≠a a sus disc√≠pulos a la misi√≥n: ‚ÄúComo el Padre me ha enviado, as√≠ os env√≠o yo‚ÄĚ (Jn 20,21). ‚ÄúId y haced disc√≠pulos a todos los pueblos, bautiz√°ndolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Esp√≠ritu Santo‚ÄĚ (Mt 28,18-20).
Evangelizar es la gracia y la vocación propia de la Iglesia y su identidad más profunda. También la misión está en el origen de nuestro carisma. Una responsabilidad confiada a todos los miembros de la Familia Sa-Fa teniendo presente que carisma, espiritualidad y misión son inseparables. Cuando una Comunidad gira en torno a la misión, la espiritualidad, el estilo de vida y la organización cobran relieve evangélico.
Nuestro √ºltimo Cap√≠tulo General nos invita ‚Äúa comprometernos con la Nueva Evangelizaci√≥n a trav√©s de la educaci√≥n, la catequesis, la liturgia y la atenci√≥n a la familia y a dar respuesta a las necesidades de la cultura en la que estamos insertos aportando lo espec√≠fico de nuestro carisma‚ÄĚ. Y afirma con claridad que ‚ÄúLa Vida Religiosa y cada una de nuestras Comunidades encuentran su identidad y su sentido en la misi√≥n. Por eso la Comunidad debe estar en estado permanente de misi√≥n‚ÄĚ (cfr. C 117).-C√≥mo estamos respondiendo a los desaf√≠os de la nueva evangelizaci√≥n?

Deseo que la Pascua de este a√Īo sea un impulso para el fortalecimiento de nuestras vidas desde el encuentro con el Resucitado.

¡Feliz Pascua de Resurrección!


H. Juan Andrés Martos Moro SG